¿Traductores o letristas?

La traducción de canciones ha dado mucho que hablar tanto dentro como fuera del ámbito profesional de la traducción. Muchos artistas estadounidenses (y de otros países) han lanzado canciones en español, a pesar de que muchos de ellos no hablan el idioma. Pero ¿por qué?


Existen dos motivos fundamentales. El primero es que una canción en español les traerá grandes retribuciones, ya que existen millones de hispanohablantes en todo el mundo. El segundo es que los beneficios que obtendrán no serán solo económicos: su popularidad aumentará exponencialmente al abrirse a un público totalmente nuevo que puede que, a partir de ese momento, se interese por sus creaciones pasadas y futuras.

Teniendo esto en mente, es normal que los artistas busquen personas que puedan llevar su música a nuevos países, pero no es tarea fácil. Muchos traductores comparan la traducción de canciones con la traducción de poesía (tema que ya hemos tratado previamente en el blog) y podría decirse que es un trabajo similar, pero con diferencias claras al mismo tiempo.


El número de sílabas que componen los versos de las canciones es mucho más flexible y, de hecho, es muy común que un cantante genere hiatos o diptongos que en realidad no existen para adaptar la letra a la melodía. Apenas aparecen rimas consonantes en las letras de las canciones y, cuando aparecen, es perfectamente razonable traducirlas por rimas asonantes.


La mayoría de las canciones que se traducen son canciones pop y de todos es sabido que sus letras no están demasiado trabajadas en términos estilísticos. Por ejemplo, se usan muchos monosílabos, palabras vacías de significado, contracciones… (baby, yeah, ain’t there are not, etc.).


Asimismo, cuando se traduce a una lengua como el español, suele aumentar el número y la longitud de las palabras, así que tendremos que trasladar el mensaje ¡pero sin dejar de lado la composición musical!


Si alguna vez tenéis que enfrentaros a un reto como este, aquí os dejamos algunos consejos para hacerlo sin morir en el intento:


1. Entender y adaptar: Como en cualquier traducción, te encontrarás con palabras que no se utilizan en español, que no tienen un equivalente exacto o que ni siquiera tienen equivalencia. La clave es mantener el mensaje, pero ser muy flexibles con las palabras que escogemos (evitando siempre las traducciones literales). Por ejemplo, la canción Intention (de Justin Bieber) dice: «shower you with all my attention». Una mala traducción sería «dúchate con toda mi atención», mientras que una propuesta mejor podría ser «cúbrete con mi atención».


2. Identifica las palabras clave: Es innegable que hay canciones que han triunfado por algo concreto y no por el conjunto; por ejemplo, gracias a una parte instrumental o a las ya mencionadas palabras clave. Si pones especial esfuerzo en esas palabras, el éxito de la traducción está prácticamente garantizado. Por ejemplo, la canción Chandelier de Sia culmina cada estribillo con la palabra chandelier. Traducirla por candelabro, nos chirriaría.


Otro ejemplo de una traducción mejorable es el de la frase «they tell you cry baby» de la canción Cry Baby de Melanie Martinez por «te dicen el bebé llorón». ¡No tengas miedo de la palabra baby! Muchos artistas españoles también la utilizan en sus canciones.


Un ejemplo de una buena versión y que se convirtió en un hit en España es En el amor todo es empezar (A far l'amore comincia tu) de Raffaella Carrà. En este caso, supieron detectar las palabras clave y, con solo suprimir un verbo, obtuvieron un muy buen resultado.


3. Permítete alterar el orden de los conceptos: En términos gramaticales, no es solo recomendable alterar el orden de los conceptos, sino que, muchas veces, es necesario. Pero todavía podemos ir más lejos. Puede darse el caso de que las palabras, el significado y la melodía no encajen de ninguna manera. ¡Considera alterar el orden de los versos! Lógicamente no se puede colocar el primer verso de la versión original como el último en la traducción, pero sí que podemos variar su orden dentro de una misma estrofa para permitir que encajen esos tres elementos.


En conclusión, a veces es mejor una buena adaptación que una mala traducción. Aprende a identificar lo verdaderamente importante de la versión original y mantenlo. Y, a partir de ahí, ¡dale rienda suelta a tu creatividad!




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